ADICCIONES
¿CUÁL ES EL ORIGEN DE LA ADICCIÓN? ¿DÓNDE SE INICIA TODO?
Para poder entender este proceso, es importante conocer que en el origen de la conducta adictiva se encuentran sentimientos de vacío. Estos sentimientos se van desarrollando tempranamente durante la infancia ante la falta de sintonía entre nuestras necesidades y la capacidad de la figura de apego para responder de forma contingente ante ellas.
Balint acuño el término Falta Básica para referirse a esos sentimientos de vacío gestados a lo largo de la infancia, y que como hemos comentado son el resultado de la discrepancia entre las necesidades del niño y la respuesta del cuidador, dejando una sensación de displacer y dejando sin cubrir esa necesidad infantil. Si esto se convierte en un patrón habitual en la dinámica de relación entre el niño y el cuidador se genera una sensación de vacío que permanece enrocada e irresoluta que posteriormente saldrá a la luz en forma de síntomas en la adolescencia y edad adulta, desarrollándose diferentes problemas psicológicos como: ansiedad, depresión, problemas escolares, dificultades en la socialización, conflictividad familiar o adicciones, entre otros.
Veamos esto más detenidamente: Un niño expresa una necesidad y si la respuesta de la figura adulta es contingente con esa necesidad, es decir, si lo que papa y mama devuelven es coherente con lo que el niño necesita, el niño se tranquiliza, el niño se siente visto, ve que su necesidad es vista, que tiene valor y se siente protegido, calmado y cubierto con esa experiencia, rellenado. Al mismo tiempo, estas experiencias van generando en nosotros creencias positivas del tipo: “tengo valor” “ soy importante” ”soy querible” “puedo pedir ayuda” o “ puedo mostrar mis emociones con seguridad”
Aquí podemos decir que se ha realizado un marcado contingente. Si nuestras experiencias fueran representadas por esta cuartilla vacía con la que venimos al mundo, esta experiencia rellenaría una casilla. Cuantas más experiencias de este tipo tengamos más rellenamos nuestra cuartilla-rejilla, más estable y completo es nuestro self, y vamos rellenando nuestro “bidón de gasolina”, que representaría nuestra seguridad y los recursos que tenemos para enfrentar los retos de la vida.
Qué pasaría en el caso contrario? Supongamos que el niño expresa una necesidad y la respuesta del cuidador no cubre esa necesidad sino que el cuidador refleja su propio estado mental, le rechazan o le insultan. Por ejemplo: el niño se asusta por algo, y papa y mama en vez de identificar el miedo del niño y calmarlo lo hacen suyo, se asustan ellos, se disregulan y por tanto, no ejercen una función calmante. O bien, papá y mamá ignoran al niño y lo que le ha ocurrido con un “no pasa nada” o le hacen comentarios despectivos como “eres un llorica”. El niño se siente inseguro y por lo tanto esa experiencia no cubre la necesidad del niño, el niño no se siente protegido y se queda con un estado de displacer que permanece de forma excitatoria en su mente, interfiriendo el procesamiento emocional, el equilibrio mental y repercutiendo en el desenvolvimiento en otras tareas.
En función de cuanto hayan sido de cubiertas adecuadamente nuestras necesidades durante la primera infancia así va a estar de lleno nuestro “bidón de gasolina” y menor será nuestra falta básica. Todos tenemos una falta básica y esta estará condicionada por las experiencias y circunstancias en que se haya desarrollado nuestra primera infancia. Nadie tiene el bidón de gasolina totalmente lleno ni totalmente vacío, porque todos cometemos errores y tenemos limitaciones.
¿CÓMO SE DESARROLLA LA ADICCIÓN?
Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con el desarrollo de una adicción?
Desde el inicio de nuestra existencia las experiencias que tenemos van dejando en todos nosotros huellas, unas huellas de las que a veces tenemos un recuerdo claro pero otras veces no, y es a través del cuerpo y de la memoria somato sensorial la forma en la que se expresan. Pero que de una u otra forma generan un impacto en nuestra configuración cerebral y en la forma de entender, sentir, experimentar y estar en el mundo.
Si estas experiencias se caracterizan por sensaciones de miedo, desprotección, soledad o rabia que no han podido ser canalizadas, el ser humano aprende a alejar esas sensaciones de su conciencia, aprende a disociarlas y a buscar formas de manejo que le permitan mantener todo ese contenido emocional al margen, aislado y separado. Para ello la persona se sirve de distintas conductas compensatorias que le sirven de parapeto para no conectar con esas sensaciones desagradables, ocupando su tiempo y su mente en otras cosas y evitando sentirse sólo, triste, enfadado o con miedo. De esta manera se va poco a poco instaurando la adicción que puede mostrarse de muy distintas formas y maneras: comer, tener sexo o comprar compulsivamente, consumir drogas, la adicción al juego o conectarse a dispositivos electrónicos, entre otros, funcionan como comportamientos compensatorios para defenderse del dolor que se siente.

A corto plazo, puede resultar una opción con bastantes beneficios, no obstante, a medio-largo plazo, las consecuencias pueden ser nefastas, sobre todo si sólo se dispone de esta herramienta para la regulación emocional y el funcionamiento diario del individuo.
Todas estas conductas adictivas actúan directamente sobre nuestro cerebro activando el sistema de recompensa, aumentando los niveles de dopamina, y por tanto, la experimentación de sensaciones de placer y bienestar. La sobreexcitación derivada altera el funcionamiento de nuestro cerebro, inflamándolo y estresándolo, generando un círculo vicioso en el que el individuo cada vez “necesita más de esa conducta” para generar esos estados placenteros y evitar conectar con sensaciones desagradables, pero estas sensaciones al mismo tiempo son cada vez más potentes y tienen más fuerza, generándose una compulsión a la repetición e instaurándose la adicción. Adicción que en un principio puede desarrollarse por motivaciones psicológicas pero que a medio- largo plazo se mantiene por un condicionamiento neuroendocrino, es decir, por una alteración en las sustancias que genera nuestro cerebro y nuestro cuerpo que aumenta el riesgo de sufrir problemas de ansiedad y depresión, entre otros problemas de salud mental que interfieren en nuestro bienestar emocional.
LA PSICOTERAPIA EN LAS ADICCIONES
Dicho esto, os invitamos a que cada uno de nosotros reflexione cómo de lleno está nuestro bidón de gasolina, por qué está vacío y tomar conciencia de nuestra historia y nuestras carencias. Tengamos en cuenta que nuestro bidón de gasolina es recargable, pero que requiere previamente parar, fijarse, darse cuenta de que estamos en reserva, y a partir de ahí buscar recursos que nos permitan sanar la herida emocional que hay de fondo y rellenar nuestras carencias con opciones alternativas al desarrollo de una adicción.
Por tanto, es una cuestión modificable, reversible y que se puede reparar, siendo la psicoterapia una herramienta eficaz y una buena alternativa a nuestra disposición. Desde Mira Psicología te acompañamos en este proceso de superar la adicción.
