¿CÓMO SE INICIA UNA ADICCIÓN? ¿DÓNDE EMPIEZA TODO?
Desde el inicio de nuestra existencia las experiencias que tenemos van dejando en todos nosotros una huella, unas huellas de las que a veces disponemos de un recuerdo claro y nítido, y otras no, pero que han dejado grabadas en nosotros sensaciones en la memoria implícita y somato sensorial y que sentimos corporalmente aunque no podamos ponerle imágenes. Si estas experiencias se caracterizan por el miedo, por el sentimiento de desprotección, por la soledad o por la agresividad, el ser humano aprende a alejar esas sensaciones de su conciencia, aprende a disociarlas y a buscar formas de manejo que le permitan mantener todo ese contenido emocional al margen, aislado y separado.
Para ello, recursos como el móvil y las pantallas se presentan como una herramienta “perfecta”, sirviendo de parapeto, siendo una alternativa que permite no conectar con sensaciones desagradables, ya que si tengo toda mi energía psíquica puesta en el contenido de las redes o internet, estoy ocupado pensando en otras cosas y evito conectar con mi malestar, no sintiéndome sólo, triste, enfadado o asustado. Igualmente, me permiten compensar mis sentimientos de vacío relacionándome con otras personas por la red, generar una ilusión en la capacidad de acción que puedo tener como adolescente aislado y nutrirme de sensaciones placenteras como consecuencia de la permanente activación del sistema de recompensa y la producción de dopamina. La realidad virtual me permite estar conectado y al mismo tiempo aislado.
Lo mismo que ocurre con los móviles y las pantallas sucede con el uso de sustancias, como drogas o alcohol, así como con el juego o la compra compulsiva. Son diferentes formas de tapar el malestar emocional a través de una conducta alternativa que produce satisfacción, llena las sensaciones de vacío momentaneamente y evitan conectar con las emociones desagradables que suponen el núcleo traumático de la persona.
CONSECUENCIAS DE LA ADICCIÓN
A corto plazo, pueden resultar una opciones con bastantes beneficios, no obstante, a medio-largo plazo, las consecuencias pueden ser nefastas, sobre todo si sólo se dispone de esta herramienta para la regulación emocional y el funcionamiento diario del individuo. Nuestro cerebro es como un bosque lleno de vida y posibilidades, pero también especialmente sensible a los estímulos externos en la niñez y la adolescencia.
Estudios recientes, han evidenciado que el uso de las pantallas y otros dispositivos tecnológicos alteran la corteza cerebral frontal, al igual que lo hacen las drogas u otras conductas compulsivas que actúan directamente sobre el sistema de recompensa. La pantalla sobreexcita el funcionamiento cerebral, aumenta los niveles de dopamina y por tanto, la experimentación de sensaciones de placer y bienestar.
La sobreexposición a los dispositivos electrónicos altera el funcionamiento de nuestro cerebro, inflamándolo y estresándolo, generando un círculo vicioso en el que el individuo cada vez “necesita más pantalla” para generar esos estados placenteros y evitar conectar con sensaciones desagradables, pero estas sensaciones al mismo tiempo son cada vez más potentes y tienen más fuerza como resultado del sobreesfuerzo y sobreactivación al que se expone el cerebro como resultado de la pantalla, generándose una compulsión a la repetición e instaurándose la adicción. Adicción que en un principio puede desarrollarse por motivaciones psicológicas pero que a medio- largo plazo se mantiene por un condicionamiento neuroendocrino, es decir, por una alteración en las sustancias que genera nuestro cerebro y nuestro cuerpo.

Como consecuencia a la persona le empezarán a invadir sentimientos de apatía, desgana, depresión, fatiga, así como ansiedad, irritabilidad, nerviosismo y angustia, entre otros. Igualmente, a nivel social y familiar la adicción genera problemas adaptativos en la persona así como conflictividad y tensiones en el ámbito familiar.
El uso excesivo de este sistema de recompensa genera desmotivación, que es uno de los síntomas más frecuentes en nuestros adolescentes. Fruto de la carencia, se ha forzado tanto la activación del sistema de recompensa que ya nada llena, ya nada calma, lo que antes servía ya no, o para estar calmado tengo que forzar tanto mi sistema psicofisiológico que la falta de sueño resultante y la fatiga me pasan factura, apagándome cada vez más, llegando en muchos casos al desarrollo de una depresión.
Ante estas dinámicas de funcionamiento infantil y adolescente ( y que si no se trabajan se perpetúan en la edad adulta) la psicoterapia se presenta como una alternativa que permitirá acompañar al individuo en su proceso de análisis sobre las causas concretas e idiosincráticas que explican y mantienen todo el proceso de adicción, trabajando el origen de su insatisfacción personal, fortaleciendo la representación que tiene de sí mismo y aprendiendo estrategias que le permitan nuevas formas de relación, consigo mismo y con los demás.