DIFICULTADES DE LA CRIANZA

En ocasiones la vivencia de la maternidad no es como la habíamos soñado o cómo nos la habían contado, pudiendo generar sentimientos muy contradictorios llegando a desencadenar una fuerte crisis en los padres.

La llegada de un bebé supone siempre una etapa de cambios que implica necesariamente la readaptación de todo el sistema familiar. Si es el primer hijo, supone el paso de ser dos en la relación a la llegada de un tercero que, al principio, va a pasar a ocupar prácticamente todo. Si ya hay más hijos, la llegada de un hermanito será el detonante de miedos y celos en el que ya estaba, que tendrá que ver cómo pasa de tener el 100% de papá y mamá, a tener, en el mejor de los casos y siendo muy optimistas, el 50%, lo que se sumará como algo más a gestionar a la llegada de un segundo hijo. 

A todo esto, hay que añadir la conciliación laboral, las noches sin dormir, la falta de tiempo para ver a amistades o disfrutar de actividades de ocio individual previas a ser padres, la exigencia personal, etc. Este nuevo rol unido al cambio vital que supone la llegada de un hijo puede generar desconcierto, y la mamá/papá pueden sentirse perdidos y confusos sin saber en quién apoyarse. Todo ello puede hacer que la maternidad/paternidad se viva como desbordante y solitaria, y en los casos más complejos y cronificados, como un verdadero infierno donde la culpa, la exigencia, los reproches y la sensación de estar totalmente sobrepasados se instala en la persona.

Mujer cabizbaja tapándose la cara con las manos como signo de malestar emocional

EFECTOS EN LA SALUD MENTAL

La fatiga física y emocional derivada de la crianza puede ir generando en los padres una carga acumulada, que de no ser canalizada adecuadamente, puede erosionar significativamente el bienestar emocional de la persona y del sistema familiar.

Los padres pueden sentirse irritables, tensos, con ánimo depresivo y ansioso, reactivos ante determinados estímulos o demandas del día a día. Todo ello, puede ir generando sentimientos de culpa y de inadecuación respecto a su papel como padres.

Esta es una realidad que no se cuenta tanto cuando se habla de la maternidad/paternidad pero está ahí, siendo el apoyo psicológico y el acompañamiento después del parto así como durante la crianza insuficiente, a pesar de ser muy necesario para algunos padres.

Normalizar sentimientos, entender necesidades, ofrecer pautas para un mejor manejo, ayudar al reajuste personal y familiar configuran una intervención necesaria para ir progresivamente disfrutando de una vivencia positiva de la crianza cuando ésta se ha visto atascada por los diferentes motivos que subyacen a cada caso particular. 

Por ello, queremos hacer hincapié en la importancia de cuidarse también en esta etapa tan importante y que supone un momento crucial tanto para los padres como para el bebé en desarrollo, que no olvidemos, depende del bienestar emocional de éstos. Además, el sentido de identidad de un niño se va configurando a través de las interacciones acumuladas con sus figuras de apego, los padres, y esto supondrá el filtro fundamental a través del cual se percibirán e interpretarán el resto de experiencias de la vida.

CÓMO CUIDARNOS COMO PADRES Y DISFRUTAR EN LA CRIANZA

Por tanto, Invitamos a la reflexión, a la auto observación, a parar y dejar de hacer huidas hacia adelante esperando un cambio mágico que no va a llegar y empezar a mirar hacia dentro de una manera compasiva y amorosa. Entendiendo nuestras limitaciones y permitiéndonos pedir ayuda si lo necesitamos. Este será el primer paso para estar más cerca de vivir la maternidad/paternidad de una forma positiva y disfrutar de esta etapa que, a pesar del sacrificio, resulta enormemente gratificante y reconfortante.

Madres sentadas con bebés en brazos

Si buscamos una receta para ejercer una crianza competente que persiga el mayor bienestar de nuestros niños ésta ha de funcionar a través del cuidado paciente, amoroso y consciente. De esto modo, como padres iremos construyendo relaciones basadas en el amor, la confianza y la seguridad.

Todo ello, se alcanzará con mayor éxito si los padres se cuidan, si han sanado sus heridas emocionales del pasado, si ante dificultades piden ayuda y adquieren consciencia respecto a qué puede estar dificultando la crianza y hay una actitud de apertura hacia nuevas perspectivas y formas de entender las dinámicas de relación en el sistema familiar. 

Para ello, y con el objetivo de protegernos y fortalecer nuestro bienestar, no olvidemos:

  • Cuidar nuestro estado físico y emocional: si cuidamos de nuestro bienestar, eso redundará de manera directa y positiva a la crianza y al bienestar de nuestros niños
  • Ajustar expectativas, entendiendo que la crianza es dura y complicada: ofrezcámonos una mirada comprensiva y de amor ante nuestras limitaciones y dificultades, no utilizando los tropiezos ante un bache para cavarnos un pozo aún más profundo.
  • Buscar apoyo en nuestro entorno: la crianza frecuentemente puede resultar muy solitaria, por tanto, busquemos espacios y contextos en los que encontrar comprensión y apoyo.
  • Si la situación se hace insostenible y la sensación de desbordamiento se perpetúa en el tiempo, pide ayuda profesional.

Solicitar ayuda psicoterapéutica es un signo de fortaleza, valentía y madurez. Sin embargo, negar la realidad, seguir pretendiendo funcionar como si estuviéramos bien, sólo va a hacer que empeoren las dificultades que ya están, además de repercutir negativamente en el desarrollo y bienestar emocional de los niños.

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