¿QUÉ ES UN TRAUMA?
El trauma hace referencia a una herida emocional, que ante la presencia de determinados estímulos, genera efectos abrumadores que sobrepasan los recursos y habilidades de la persona para superarlo.
Las personas que sufren situaciones traumáticas padecerán: estrés, ansiedad persistente y otros síntomas clínicos que van a interferir en su funcionamiento diario.
El evento traumático puede ser único y ocasional o puede darse de manera repetida y acumulativa en la vida de la persona. Tras la vivencia de una experiencia traumática la persona puede revivir las sensaciones asociadas a dicho evento traumático tanto mentalmente como físicamente. Esta experiencia de re-experimentacion constante de las sensaciones y detalles asociados al trauma representan un intento activo del cuerpo y la mente de procesar y superar el suceso traumático.
Entre los sentimientos más frecuentes derivados de la vivencia de experiencias traumáticas nos encontramos:
- Sentimientos de vacío y desesperación
- Inestabilidad emocional
- Irritabilidad y hostilidad
- Desrealización y despersonalización
- Tendencias autolesivas
- Autocuidado deficiente
- Dificultades en las relaciones interpersonales, coexistiendo una fuerte necesidad de fusión junto con la evitación.
La persona intentará activamente evitar todos los recuerdos asociados a la experiencia traumática como forma de defenderse del dolor, no obstante, habrá situaciones del presente que, por su similitud con aspectos del trauma original, funcionen como disparadores de todos los recuerdos y la experiencia emocional vivida en el pasado. Estos disparadores generan un dolor y sufrimiento emocional insoportable para la persona que reforzarán aún más las tendencias evitativas, el miedo y la inseguridad.
Si el trauma no se procesa correctamente puede hacer que estas sensaciones convivan dentro de la persona de manera crónica generando una fuerte perturbación emocional y dificultando su funcionamiento diario.
LA HUELLA DEL TRAUMA
En ocasiones, la persona no recuerda el evento traumático pero lo re-experimenta a través del cuerpo y de la memoria somatosensorial, es decir, lo vuelve a sentir ante determinados estímulos del presente que funcionan como disparadores de las sensaciones del pasado. La experiencia de volver a revivir lo ocurrido resulta muy perturbadora para quién lo sufre, sintiendo una especie de “secuestro emocional” donde las sensaciones se vuelven muy intensas y se apoderan de la persona.
Los recuerdos pueden aparecer a través de pesadillas, flashback, imágenes, pensamientos e ideas recurrentes que atormentan a la persona. De este modo, ésta se mantiene hipervigilante y alerta ante la posible re-experimentación de estas sensaciones tan intensas y desagradables, al mismo tiempo que evita cualquier situación que le pueda generar malestar y conectar con el pasado. Todo ello, a su vez, genera inseguridad, miedos, fobias, estados ansiosos-depresivos y problemas de insomnio, entre otros.

Cuando el trauma no se repara puede conllevar el desarrollo de patologías clínicas más severas que funcionan como intentos que desarrolla la persona para adaptarse a la situación pero que resultan autodestructivos y dañinos. Entre ellos podemos encontrar:
– Abuso de sustancias u otro tipo de adicciones
– Regulación a través de la comida: atracones, vómitos o restricción alimentaria
– Ataques de pánico
– Agorafobia
– Trastorno Límite de Personalidad
– Autolesiones
– Obsesiones y rumiaciones, pudiendo llegar a desarrollar un TOC
– Etc
Todas estas formas de sintomatología son intentos de la persona por intentar escapar de los efectos tan perturbadores y desestabilizadores que les genera la huella de la experiencia traumática en sus vidas.
TIPOS DE TRAUMA
Es bastante frecuente encontrar la idea de que te tiene que pasar algo muy grave para considerarse como una experiencia traumática, como por ejemplo, una violación, un acto terrorista o un accidente de coche. No obstante, esta concepción es errónea, de hecho, tanto los clínicos como la literatura ya afirman con rotundidad que el trauma en la infancia es normativo.

Es cierto, que la vida no nos golpea igual de fuerte a todos, y que no todos, tenemos los mismos recursos para hacer frente a las dificultades que nos puedan surgir en nuestro desarrollo. No obstante, el trauma no viene determinado únicamente por el evento traumático en sí, sino por el impacto que este genera en la persona así como por los recursos/apoyos que la persona tenga una vez que este se produzca.
Cuando hablamos de recursos/apoyos no nos estamos refiriendo únicamente a los físicos y materiales sino a los emocionales, es decir, que la persona que sufre o experimenta un suceso de impacto psicológico pueda tener el sostén, la escucha, el apoyo, la comprensión, de al menos un otro, que le pueda recoger, entender, estar cerca y darle afecto. Este seré el mayor factor de protección de cara a que una experiencia adversa se cronifique o no en un trauma. En este sentido, la sociedad, la cultura, el entorno y la familia, en ocasiones invita a silenciar lo ocurrido siendo esto un factor de riesgo que con altas probabilidades alimentará la herida traumática.
Así, no es tanto lo que nos ocurra como el significado personal que le hayamos dado, siendo el impacto psicológico mucho menor si podemos compartirlo lo vivido con un otro que nos ayude a transitar y canalizar las emociones y sensaciones vividas.
Los tipos de trauma más habituales son:
- Abuso sexual
- Abuso emocional
- Maltrato
- Negligencia
- Trauma de Apego
- Violencia interpersonal
- Trauma por suceso traumático (accidente, incendio, enfermedad o muerte de alguien cercano de forma inesperada, etc)
- Trauma transgeneracional
INTERVENCIÓN PSICOTERAPÉUTICA: EL TRABAJO CON EL CUERPO
El trabajo psicoterapéutico implica una intervención global plateándose procedimientos descendentes y ascendentes.
Los procedimientos descendentes o también llamados de arriba abajo suponen hacer consciencia de lo que ha vivido la persona, de entender el impacto que ciertos acontecimientos han tenido en su vida, comprender su contexto y verse explicado dentro de él. Analizando creencias, traduciendo la experiencia y resignificando lo vivido.
Por otro lado, los procedimientos ascendentes o de abajo arriba se centran más en lo que el cerebro puede interpretar a través de los sentidos, sensaciones corporales y emociones, es decir, en toda la información somato-sensorial y proveniente del cuerpo.

En este sentido, entendemos que el trauma no está solo en la cabeza y un abordaje únicamente desde un enfoque cognitivo sería ineficiente, ya que el trauma irresoluto permanece en el cuerpo, dejando una huella que afecta a los procesos de almacenamiento y de memoria. Cuando una experiencia no ha sido adecuadamente procesada e integrada es el cuerpo el que soporta esa carga, reteniendo en él lo que ha quedado sin resolver.
La técnica de EMDR se presenta como una opción de elevada eficacia para la superación de eventos traumáticos ya que se trabaja de forma integrada a nivel de pensamiento, emoción y sensación corporal. Desde este enfoque integral se puede superar con éxito las secuelas de la experiencia traumática, no te resignes a vivir así.
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