La herida traumática del Covid-19

La pandemia que estamos viviendo supone una situación traumática para todos nosotros, suponiendo un cambio radical en nuestras vidas de manera súbita e inesperada. Se ha observado que ha habido un incremento de los síntomas depresivos y ansiosos una vez finalizado el periodo de confinamiento que nos ha tocado vivir.


Ante situaciones como esta el cerebro tiende a la salud, a superar la amenaza que supone para nuestra supervivencia una realidad como la que nos está tocando vivir. Se mantiene alerta, hipervigilante y enfocándose en salir adelante de la situación caótica, estresante, incierta…. pensando que cuando todo esto acabe nuestras vidas volverán a la normalidad. En algunos casos será así, pero también es probable que cuando la amenaza real disminuya nuestro cuerpo y mente se resientan de la situación de tensión sostenida, del sobreesfuerzo adaptativo realizado, la angustia no canalizada…como consecuencia es probable que empecemos a conectar con las secuelas psicológicas que este suceso de gran impacto emocional esta dejando en nosotros y aparezcan síntomas como: problemas de sueño, hipervigilancia, nerviosismo, irritabilidad, depresión, ansiedad, confusión, miedos, fobias, angustia, entre otros.

Según datos clínicos se puede concluir que se ha observado un incremento de casos de depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático como resultado de la pandemia.
La evitación experiencial como forma de defendernos del dolor emocional supone un agravante en este tipo de situaciones incrementando el riesgo de que aparezcan este tipo de dificultades emocionales u otros problemas adaptativos.


Por tanto, no descuidemos cómo nos sentimos , es normal que esta crisis afecte a nuestro bienestar mental. Estemos atentos a nuestro estado emocional y las señales que nos manda nuestro cuerpo, y sobre todo, al de nuestros más pequeños, que aunque no pueden expresarlo con palabras también están sufriendo las consecuencias de la pandemia. Ellos son mucho más vulnerables y necesitan de la relación con un otro significativo que pueda ver, sostener y le ayude a canalizar todas sus emociones, sus temores, su angustia, sus inseguridades.

Por tanto, no hagamos que toda la situación que estamos viviendo sea aún más traumática para ellos invitándoles a silenciar y ayudemos a nuestros hijos a ponerle voz a cómo se sienten, a lo que están experimentando, legitimemos su experiencia interna y sostengamos su malestar, su inquietud. De esta manera podrán compartir la experiencia que les está tocando vivir y podrán darle una salida al impacto de ésta, pudiéndole dar un significado, facilitar su adaptación y aprendiendo formas de manejar las experiencias derivadas de la aventura que es vivir.

Por tanto, si tú o alguno de los tuyos presenta alguno síntomas anteriormente descritos, no los ignores. Escúchate , cuídate y ponte en manos de un profesional que te ayude a manejarlo y restablecer tu equilibrio emocional.

Mujer triste con mascarilla en fondo oscuro

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MIRA Psicología
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