CRIANZA Y MÓVIL: MEJORANDO EL VÍNCULO Y DESARROLLO EMOCIONAL DE NUESTROS HIJOS REGULANDO EL USO DEL MÓVIL
Como comentamos en publicaciones anteriores, la calidad del vínculo que se establezca entre padres e hijos resulta fundamental para su desarrollo futuro. El niño necesita cercanía, necesita contacto y necesita que el adulto le explique qué es lo que le pasa en momentos de displacer porque él no tiene la madurez suficiente para poder hacerlo, al igual que necesita que el adulto le calme con su voz, sus caricias, sus abrazos o su mirada de amor incondicional.
Todo ello se va gestando desde el nacimiento, desde los primeros momentos de la vida del niño, y requiere de dedicación, entrega, habilidades y conocimientos. Hace un par de días veÍamos un vídeo de una madre dándole el pecho a su bebé de pocos meses, en él la mamá se había colocado un adaptador en el hombro para colocarse el móvil y ponerle vídeos a su bebé mientras le daba el pecho, mostrándolo a las redes orgullosa. Con toda seguridad esta mamá actúa desde el desconocimiento y sin ser consciente del impacto negativo de esta práctica en la crianza de su bebé. Igual ocurre cuando papá o mamá dan un biberón al bebé y en vez de estar conectando con él y compartiendo ese momento están mirando el partido de fútbol u otro programa en la televisión. También es habitual ver a bebés en el parque llorando y pidiendo cercanía y lo que se les ofrece es un móvil con dibujitos, canciones y colores o niños llorando por cualquier situación de displacer (hambre, sueño, miedo, soledad…) y la respuesta del adulto es “no llores” “arréglatelas” o “toma el móvil y distráete sin molestar”.

El móvil está a punto de convertirse en el nuevo muñeco de apego u objeto transicional desbancando a las mantitas, los muñequitos o los trapitos de toda la vida. Estas formas de relación que en principio podrían parecer inofensivas, si se convierten en prácticas habituales pueden transformarse y derivar en problemas de distinta índole, veamos más detenidamente por qué.
RIESGOS DERIVADOS DE UN USO INADECUADO DEL MÓVIL
En el nacimiento el cerebro del niño está a medio hacer, es inmaduro y muy vulnerable, no estando preparado para la estimulación que le ofrece un móvil, sobreexcitándolo y alterando su funcionamiento. Insistimos por tanto de nuevo en: nada de exposición a pantallas en menores de 2 años, recomendación que también comparte la Asociación Americana de Pediatría.
Por otro lado, la secuencia que como padres instauremos en la relación con nuestros hijos, es decir “demanda niño->respuesta padre” se queda grabada en la mente de nuestros pequeños reacondicionando su forma de posicionarse ante los demás. Es decir, las interacciones y nuestra forma de responder van generando en el pequeño canales y vías de actuación que se fijan como modos de funcionamiento. Por tanto, si ante una situación de displacer le damos a nuestro bebe- niño el móvil, cuando vuelva a sentir lo mismo va a pedir el móvil, siendo más complicado calmarle de otra manera o instaurar nuevas formas de regulación emocional. Es lo emocional lo que va a permitir manejarnos en el mundo mejor o peor y garantizarnos por tanto, alcanzar metas y tener una buena calidad de vida. Vivimos en una sociedad en la que parece que lo que no se puede tocar o ver no existe, invitándonos a negar, aplastar y obviar los estados emocionales, sobre todo si son displacenteros, no aprendiendo a desarrollar estrategias y habilidades para manejarnos con ellos. He aquí otra razón por la que es tan importante la educación desde el principio y aprender a atender a las necesidades tanto materiales pero también emocionales.
Si el bebé o el niño está sintiendo una emoción desagradable, por ejemplo ira, y como adulto le invito a “aplastar esa emoción a través del móvil, chupete, frases poco legitimadoras como “no te enfades por esa tontería” o “eres un enfadica””que niño tan pesado o tan difícil” “esto que te pasa no te puede pasar” o “a mí no me montes rabietas”…el niño no aprende a manejar esa emoción de ira, aprende a no mostrarla, pero él la tiene y no va a saber qué hacer con ella y cómo manejarse en un futuro. Por tanto, podemos eliminar la expresión de una emoción pero no podemos eliminar los neurotransmisores que circulan por nuestro organismo que las generan. Dicho esto, si el niño está enfadadísimo y no tiene ninguna forma de expresarlo, porque se le prohíbe, porque se le invita a aplastar sus estados emocionales o se le coarta, algo tendrá que hacer su cuerpo con toda esa emoción y neurotransmisores sin canalizar. Una de las manifestaciones más frecuentes suelen ser los síntomas psicosomáticos, la hiperactivación motora o problemas de atención, entre otros muchos.
Por tanto, habrá que ofrecer al niño una alternativa que le permita liberar su rabia u otra emoción, cómo podemos hacerlo? validando lo que está sintiendo, dándole permiso para sentirlo, explicándole que es perfectamente razonable lo que está sintiendo y ayudándole a regular esa emoción hasta que baje de intensidad. La clave radica en una comunicación colaborativa y contingente donde el niño expresa una necesidad o emite una señal y la figura adulta responde con una conducta que dice “comprendo lo que sientes y atiendo tus necesidades”. Eso no implica, por supuesto, que se le dé al niño lo que pide en cada momento. Si nuestro hijo llora porque se quiere comer una bolsa entera de chucherías y nosotros como padres valoramos que con dos es suficiente, se le explica y sostenemos su enfado y su frustración, ayudándole con esto igualmente en el aprendizaje de que no siempre se puede tener lo que uno quiere en cada momento y a demorar la recompensa.
CAMINO HACIA UNA RELACIÓN MÁS SALUDABLE CON LAS TECNOLOGÍAS
Como venimos hablando, la crianza es dura, requiere dedicación y estar disponibles y a menudo, por el ritmo de vida que llevamos no lo estamos. Esto no quiere decir que si lo he hecho mal desde un inicio ya no tenga solución pero será más difícil cambiarlo cuanto más tiempo esté instaurada una conducta inadecuada y un esquema habitual de actuación.
En este sentido, es importante tener en cuenta que es imposible cubrir el 100% de las necesidades de nuestros hijos pero podemos intentar aprovechar el tiempo que nos dejan el resto de responsabilidades que tenemos en nuestro día a día para disfrutar de tiempo de calidad con ellos. Disfrutando del vínculo, jugando, hablando e intentando llevar a cabo una crianza responsable y conectando con lo que más queremos, y para ello, resulta fundamental, regular el uso de los dispositivos electrónicos. El desarrollo sano depende del disfrute de ambas partes en el vínculo de apego y un apego seguro es un factor de protección frente a adicciones ya sean de tipo tecnológico u otro tipo.
Si queremos que nuestros hijos sean niños, y futuros jóvenes y adultos sanos y resilientes, seamos cuidadores disponibles, predecibles, positivos y consoladores. Una de las cosas más admirables en los niños es la capacidad que tienen para adaptarse, ya sea a lo bueno como a lo malo, y la capacidad que tienen para cambiar y aprender, por tanto, aprovechemos para reparar, cuanto antes mejor!